La noche comenzó como todas las noches. El viajero de nuevo estableció contacto con seres que procedían de un lugar indeterminado, algunos lo llamaban el cielo, otros tantos no sabían que nombre ponerle y la gran mayoría optaba por negarlo todo; acaso sueños que, posteriormente se recordaban a trozos. El viajero escuchaba atentamente, sabía que le susurraban secretos que los antiguos seres humanos conocían bien, tan solo se trataba de escuchar. La noche abría sus puertas…
Óscar Antón

